NO SE VE BIEN SINO CON EL CORAZÓN...
Caminando
entre los girasoles, Rosina alcanza a ver un hombrecito raro de mechones rubios
y frente pálida que la mira con admiración.
‒¿De
dónde vienes?‒le pregunta extrañada por esa aparición tan irreal como mágica‒.
¿Dónde vas?
‒Derecho,
siempre delante de uno, no se puede ir muy lejos. Busco un amigo. Tú eres
demasiado perfecta, pareces una reina.
‒Soy
una aldeana que vivo en una casa de ladrillos rojos con geranios en las
ventanas y palomas en el techo.
‒¡Qué
hermosa eres! Has nacido al mismo tiempo que el sol y tienes en tus manos la
sabia libertad de la alborada pero eres reina y tu mundo esta simplificado;
todas las mujeres y los hombres son tus súbditos.
‒¡No! ‒contesta
Rosina‒. Soy una chica humilde que ama la naturaleza y que posee la luna con
solo mirarla porque conoce el poder de lo profundo y la bendición de ser útil a
la grandiosa sencillez de las cosas vitales.
El
hombrecito se sienta sobre una piedra y levanta los ojos hacia el cielo.
‒Eres
demasiado inteligente, te mereces tu carroza y todos los brillos que da el
poderoso sobre el débil.
‒La
felicidad no tiene precio, he aquí mi secreto. Es simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos ‒dice
Rosina convencida y algo enojada por las exigencias del desconocido.
‒¡Hablas
con mis palabras! ‒responde El Principito asombrado
ante el rostro de Rosina que se encuentra emocionado hasta las lágrimas.
‒¡Lo
importante es invisible, comprendes!‒vuelve a gritar la muchacha campesina
mientras el personaje de cuentos desaparece entre los girasoles y repite a los
lejos entre sus murmullos:
‒Igual
serás soberana de la aldea y elegirás tu destino y tu vocación de acuerdo a las
ideas y las metas; el amor será el principio del auténtico camino. ¡Tú tendrás
estrellas como nadie las ha tenido!
~
el afecto de los seres queridos…
Lo que no se ve es lo que más vale.